¿Prometer o demostrar?

 Este primer artículo del blog trata sobre algo que me ronda la cabeza desde hace ya un tiempo. 

¿Es prometer más sencillo que demostrar?


Pues bien, con solo pensarlo unos segundos la idea que nos debe venir a todos a la cabeza es que sí, que en este caso, el tópico que atormenta a políticos y parejas desde hace siglos, es cierto. Porque sí, prometer y demostrar son los primos hermanos de decir y hacer, de palabra y acción. Conceptos que a veces nos parecen sinónimos y a veces opuestos, que en muchas ocasiones los pensamos como causales y pocas veces suelen serlo. Pero que indiscutiblemente, siempre están presentes.


Como con casi todo en la vida, no importa tanto qué palabra o qué acción se haga o se deje de hacer, sino qué importancia otorgamos nosotros a esa dicha o acto, y quien y en qué contexto se dice. Si nos cruzamos por la calle a alguien a quien no vemos hace mucho tiempo y después de charlar unos minutos nos dice que nos enviará un mensaje para ir a tomar una cerveza un día de la siguiente semana, nos causa indiferencia que no cumpla con su pequeña promesa. En cambio, si esta misma situación se produce con un amigo, un familiar cercano o la persona que nos gusta, podemos esperar ese mensaje con ansia durante días por diferentes motivos. Puede que nos afecte el incumplimiento de su palabra, que tuviéramos muchas ganas de ver a esa persona y sea la falta del hecho lo que nos entristece, o puede que ambas. 



Parece relativamente fácil contestar, incluso asumir, que las promesas son simples y los hechos complejos. Entonces, ¿carecemos, por tanto, de la suficiente moralidad como para poder incumplir una promesa? 

Quizá esta cuestión sea menos simple de contestar y aún menos de asumir, ya que interpela directamente a la visión de uno sobre sí mismo.


Todos hemos dicho y prometido cosas que no hemos hecho, pero ¿cuántas veces hemos hecho algo que no hemos dicho? ¿Trae consigo aquello que prometemos e incumplimos una connotación positiva y al contrario con lo que hacemos sin decir? 

Nuevamente, dar por cierta esta cuestión nos pone en una situación que permite dudar no solo de nuestra moralidad sino incluso de la integridad de cada uno y su veracidad.


Llegados a este punto hay una idea que supongo que a la mayoría les habrá pasado por la cabeza. ¿Son mentir e incumplir una promesa hechos similares o incluso idénticos?

Un partido político trae en su programa electoral una serie de acciones que promete realizar en caso de que sean los elegidos por el pueblo. Supongamos que este hipotético partido gana las elecciones y no baja los impuestos tal y como su programa llevaba escrito. 

Ahora supongamos que un hombre, que le había dicho a su pareja que nunca la engañaría, efectivamente la engaña con otra persona. Si la pareja le preguntara a este hombre si la engañó con una tercera persona y él dijera que no, nos parecería que este habría mentido a la vez que incumplido una promesa. Si este, en cambio, le dice "la verdad", parece claro que sus palabras y promesas quedan igualmente en entredicho pero, ¿y su veracidad? ¿Es en caso de responder de manera sincera menos susceptible a ser tachado de faltar a la verdad? 



Me gustaría acabar lanzando una pregunta al aire. ¿Si nos cuestionáramos las palabras, acciones y relación entre estas en nuestro día a día, actuaríamos cómo lo hacemos?









Comentarios

  1. Todo muy correcto Deconstructorio. Respecto a la pregunta, si nos cuestionásemos todo lo que hacemos y/o decimos, actuaríamos diferente para bien y para mal. Por ejemplo, dejaríamos de hacer cosas beneficiosas por motivos como miedo, tristeza o pereza y en cambios dejaríamos de realizar acciones incoherentes usando la lógica. Saludos crack ☺️

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Àlex, gràcies per la teva aportació. Totalmente de acuerdo con tu comentario. Un saludo de vuelta!

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

¿Globalización de qué?